¿Qué ocurre en el cerebro de una persona con dislexia?

¿Qué ocurre en el cerebro de una persona con dislexia?

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Dislexia ha salido en portada de 3 periódicos digitales en España recientemente con una noticia importante.

A continuación, reproducimos los artículos enteros con links al original. 

En el cerebro de un disléxico

El Pais Digital

Una investigación demuestra que los afectados por el trastorno tienen menos conectados los módulos lingüísticos de la mente

El hallazgo cambia la forma de entender y abordar la patología

Un diagnóstico difícil

JAVIER SAMPEDRO 5 DIC 2013 

Elpais

Recreación con modelos de un momento de trabajo con un niño disléxico. / GETTY

La dislexia es cualquier cosa menos un trastorno raro: se estima que afecta al 10% de la población, o 700 millones de personas en el mundo. Décadas de investigaciones psicológicas han localizado el problema en las representaciones fonéticas del cerebro, que estarían distorsionadas en los disléxicos. Un estudio de imagen cerebral con 22 voluntarios sin este trastorno y 23 disléxicos demuestra ahora que las representaciones fonéticas en el cerebro están completamente intactas, y que la verdadera razón de la dislexia es un déficit en su conexión con las otras 13 áreas cerebrales implicadas en el procesamiento de alto nivel del lenguaje. Las terapias del futuro deberán basarse, proponen los autores, en mejorar esa conectividad.

Décadas de estudios culpaban a las representaciones fonéticas

La dislexia consiste en una dificultad para aprender a leer con fluidez y comprendiendo bien el texto, pese a que los afectados tienen una inteligencia no verbal normal, o a menudo alta. La disfunción no es específica de la lectura, porque el disléxico suele encontrar la misma dificultad para procesar el lenguaje hablado, y para pronunciarlo. Los psicólogos han localizado el problema en el cartógrafo cerebral que se ocupa de clasificar el magma sonoro del mundo real como un mapa de solo unas decenas de fonemas, las unidades básicas de cualquier lenguaje humano.

Radiografía de la dislexia

  • La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura, de carácter persistente y específico, que se da en niños que no presentan ningún impedimento físico, psíquico ni sociocultural.
  • Es la causa más común de las dificultades de leer, escribir y deletrear.
  • Unos 700 millones de personas, el 10% de la población, son disléxicas.
  • Uno de cada cinco estudiantes tiene dificultades para el aprendizaje.
  • Menos de un tercio de los niños con problemas de lectura reciben tratamiento específico en las escuelas.
  • Afecta a un mayor número de hombres que de mujeres.
  • La dislexia tiene un fuerte componente hereditario.
  • Los disléxicos ven afectada su coordinación motora, el cálculo mental, la concentración y la organización personal.
  • Es habitual que presenten hiperactividad, dispraxia o déficit de atención asociados al trastorno.
  • Un estudio de 2012 apuntaba a que los nacidos en otoño que comienzan el colegio a una menor edad presentan un mayor índice de afectación.
  • Idiomas como el español, con una fonética más regular, dificultan la detección de la dislexia. En inglés, por ejemplo, donde a una letra le corresponden varios sonidos, el diagnóstico es más precoz.

Las letras del lenguaje escrito son intentos humanos de mapear los fonemas como símbolos, más o menos acertados en según qué lengua. Pero mientras que la facultad del habla está en los genes —es uno de los grandes patrimonios genéticos comunes a toda la humanidad—, la escritura es una invención con solo unos milenios de historia.

Los fonemas están en los genes, y las letras están en la cultura. Pero la dificultad de leer del disléxico no tiene que ver con la visión de las letras, sino con los fonemas que las letras significan. De ahí que una dificultad de lectura tenga un fuerte componente genético. La dislexia tiende a agruparse en familias, y es el triple de común en hombres que en mujeres.

El neurocientífico Bart Boets y sus colegas de la Universidad Católica de Lovaina, el University College de Londres, la Universidad de Oxford y el ETH de Zúrich han utilizado las técnicas más avanzadas para examinar el cerebro en acción de una muestra notable (45 personas) de voluntarios disléxicos y normales (entiéndase normales en el sentido de que representan al 90% de la población mundial). Ello incluye la resonancia magnética funcional, que cartografía (o ilumina) las zonas del cerebro activas mientras el paciente hace tareas de lectura y demás, y las modernas técnicas de computación que permiten detectar la conectividad entre unas zonas y otras: tanto las conexiones estructurales, o estables, como las funcionales que dependen de la tarea. Presentan sus resultados en Science.

La dislexia afecta al 10% de la población, unos 700 millones de personas

Estas técnicas de alta resolución biológica les han permitido ver lo que pasa en las partes relevantes del cerebro mientras los disléxicos y los controles procesan el lenguaje. Como casi toda facultad mental, la representación de los fonemas ocupa un lugar concreto e identificable en el córtex cerebral: por una vez donde cabría esperar, cerca de las orejas, y llamado córtex auditivo primario y secundario. La actividad cerebral allí se ha revelado tan robusta y precisa en los disléxicos como en los controles. Hasta aquí la resonancia magnética funcional.

Pero los mapas de conectividad han revelado una diferencia consistente entre los dos grupos de voluntarios. Los mapas de fonemas (el córtex auditivo primario y secundario) se conectan normalmente con fuerza a las áreas lingüísticas de alto nivel, situadas en otra estructura distinta, el giro frontal inferior, cerca de la sien. Aquí se cuecen los análisis sintácticos y las asignaciones semánticas que se estudian en la escuela, y que son las que dan sentido al lenguaje. Es la conexión del córtex auditivo con estos procesadores de alto nivel la que está debilitada en las personas disléxicas.

Los afectados tienen problemas para aprender a leer y para hablar

No todos los neurocientíficos están convencidos, sin embargo, de que la dislexia sea por completo independiente de la representación fonética, o habilidad para distinguir claramente un fonema de otro. El neurólogo Michael Merzenich, de la Universidad de California en San Francisco, señala en la revista Science que “décadas de trabajo muy extenso y convincente” han mostrado que las personas con dislexia distinguen las representaciones fonéticas con menos fidelidad de lo normal. Merzenich y otros científicos no relacionados con el estudio consideran que las distinciones fonéticas utilizadas en la investigación de Lovaina no son lo bastante finas.

Pero otros expertos sí parecen más impresionados por el nuevo trabajo, como el científico cognitivo Franck Ramus, de la École Normale Supérieure de París: “Es el estudio más concluyente que he visto en el campo en los últimos cinco años; los resultados, de ser ciertos, modifican nuestro entendimiento de la dislexia de manera notable”. Ramus ve implicaciones para los programas de entrenamiento auditivo que se usan actualmente contra la dislexia.

Algunos científicos cuestionan las conclusiones del trabajo

“En las sociedades alfabetizadas actuales”, dice Boets, el primer autor del estudio, “las dificultades para leer y escribir no solo afectan a la educación y el desarrollo cognitivo, sino que también tienen un gran impacto en el bienestar socio-emocional, las oportunidades de trabajo y otros aspectos”.

El neurocientífico de Lovaina explica que, en la mayoría de las lenguas, el sistema de escritura es alfabético, o una correspondencia entre las unidades básicas del habla (los fonemas) y los símbolos visuales (letras o grafemas). La mayoría de los niños pueden así aprender a leer y escribir estudiando las reglas de correspondencia entre fonemas y grafemas. “Pero este proceso requiere cierto entendimiento de la estructura sonora, o fonológica, del lenguaje, y aquí es donde reside la dificultad de los disléxicos”, concluye Boets.

Dislexia, una cuestión de desconexiones

de El Mundo.es

  • La dislexia puede suponer un gran obstáculo en el aprendizaje si no se diagnostica
  • Un estudio identifica qué ocurre en el cerebro de las personas con este problema

elmundo

La comprensión lectora falla en muchas personas con dislexia. JAVIER MARTÍN

 

 

CRISTINA G. LUCIO

muchos casos, recibir un diagnóstico es sinónimo de malas noticias. Sin embargo, para Amanda Torres supuso “toda una liberación”. Porque significaba que “no era una vaga”, que “no era torpe” que, al contrario de lo que le habían dicho tantas veces, lo suyo no era “cuestión de centrarse y prestar más atención”. Lo que a ella le pasaba, y era la primera vez que alguien se daba cuenta, se llamaba dislexia.Actualizado: 06/12/2013 04:51 horas

“Tenía 18 años y fue porque en ese momento se lo detectaron a mi hermano pequeño. Pensé ‘eso es lo que me pasa a mí’, eso explica por qué después de tres y cuatro horas delante de un libro, luego saco un dos en el examen”, recuerda esta mallorquina que entonces cursaba 2º de Bachillerato.

Torres pensó que el diagnóstico supondría un antes y un después en su formación, pero la realidad es que tuvo que empeñarse mucho -e incluso cambiarse de centro- para que las cosas cambiaran en clase.

“En algunos casos se tomaban el diagnóstico como si les hubiese dicho que tenía anginas”, señala Torres. “Al final, conseguí que en clase de inglés o de catalán los exámenes fueran orales y no escritos, pero me costó que algunos profesores entendieran por qué para mí la ortografía es una cuestión tan complicada”, remarca esta joven que, derribando muchas barreras, se diplomó en Educación Social.

“La realidad está cambiando, pero parte del profesorado, sobre todo en Secundaria, no está dispuesto o no sabe cómo adaptarse a las necesidades especiales de algunos alumnos“, confirma la pedagoga terapéutica Marta García.

De hecho, continúa, la adaptación curricular en estos casos puede ser complicada incluso para los expertos en educación especial “porque no solo hay un perfil en la dislexia y todavía es mucho lo que se desconoce sobre el problema”, subraya.

Una investigación publicada en Science esta semana puede contribuir a entender mejor lo que sucede en el cerebro de las personas con dislexia y, por tanto, ayudar a afinar su abordaje en un futuro.

Según este trabajo, liderado por Bart Boets, especialista en Psicología del Desarrollo de la Universidad de Lovaina (Bélgica), las raíces cerebrales de la dislexia podrían ser distintas a las que se pensaban, lo que supone todo un cambio de paradigma.

Las personas con dislexia tienen dificultades para procesar el lenguaje, leer y, en definitiva, para aprender a través de determinadas vías. Esto se debe a un fallo en el proceso a través del cual el lenguaje hablado se transforma en fonemas en el cerebro. Hasta ahora, se pensaba que los disléxicos no hacían una correcta representación mental de los sonidos que escuchaban. Sin embargo, esta nueva investigación apunta a que, en realidad, el problema podría estar en el acceso a estas representaciones que es clave, por ejemplo, a la hora de leer y escribir.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Boert realizó pruebas de imagen -como resonancias magnéticas funcionales- a 23 individuos adultos con dislexia mientras procesaban distintas palabras. Luego, comparó los resultados con los de otras 22 personas sin el trastorno del neurodesarrollo.

Los patrones de actividad neuronal mostraron que las representaciones fonéticas eran correctas en ambos grupos. Sin embargo, los investigadores se dieron cuenta de en ciertas regiones cerebrales involucradas en el procesamiento del lenguaje había conexiones que sólo fallaban en el cerebro de los disléxicos. Es más, cuanto peor era la conexión, peores eran también las habilidades del paciente a la hora de leer o deletrear.

“Las conclusiones de esta investigación son muy interesantes porque desde hace décadas se pensaba que las personas con dislexia no podían construir bien esas representaciones. En cambio, este trabajo señala que lo que ocurre es que las estructuras encargadas de la codificación de las representaciones fonológicas no se comunican bien o lo hacen de una forma más débil con las estructuras encargadas de acceder a ellas o manipularlas. Era una hipótesis que ya se había señalado, pero que era muy difícil de probar a nivel conductual. Las pruebas de imagen han permitido ahora ver lo que sucede en el cerebro“, apunta Marie Lallier, investigadora especialista en ciencias cognitivas del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL).

Con todo, esta experta recuerda que antes de sacar conclusiones definitivas sobre el tema es necesario “replicar estos resultados” y ver si la misma desconexión cerebral ocurre también en el caso de los niños. “Esto es importante porque muchos adultos acaban desarrollando estrategias de compensación que podrían haber influido en los resultados”, subraya.

Es una línea importante de investigación, pero no la única, añade Lallier, quien recuerda que “la dislexia es un trastorno muy heterogéneo” y con muchas aristas aún por descubrir. “Por ejemplo se está estudiando mucho también la hipótesis de que en algunos casos existe un problema visual”, apunta.

Por su parte Carlos Casas, vocal del comité de Neuropediatría de la Sociedad Española de Neurología (SEN), recuerda que, aunque el “artículo es muy interesante”, sus conclusiones no tendrán de momento “ninguna repercusión a nivel clínico”.

“De momento, el diagnóstico del problema sigue siendo funcional, con pruebas neuropsicológicas. En un futuro, quizá se encuentre un marcador biológico, una prueba que como sugiere este estudio, permita detectar el problema con mayor exactitud, pero no será algo a corto plazo”, concluye.

Un problema local

La dislexia no es igual para un inglés que para un español. El trastorno y, sobre todo, sus implicaciones varían en función del idioma que se maneje. Porque el lenguaje y su representación influyen directamente en las habilidades condicionadas por la dislexia. El castellano, como el euskera y el alemán, son idiomas transparentes; en ellos los grafemas se corresponden con un único fonema (la -a escrita siempre se pronuncia igual). En cambio, el inglés, el francés y, sobre todo, el danés son idiomas opacos, en los que las letras no siempre se corresponden con el mismo sonido. Esto hace que, por ejemplo, las personas con dislexia en Reino Unido se enfrenten a más trastornos de precisión en la lectura que quienes tienen como lengua materna el castellano. En nuestro país, por contra, son más comunes los problemas con la fluidez. Las disparidades hacen difícil muchas veces la extrapolación de los resultados de las investigaciones y, hasta la fecha, no había muchos trabajos que hubieran analizado a fondo las particularidades de la dislexia en castellano. El proyecto COEDUCA, dirigido por el Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje, pretende cubrir ese hueco y analizar desde una perspectiva multidisciplinar las causas y los procesos de la dislexia en nuestro país. Los investigadores ya han llevado a cabo el análisis de más de 5.000 escolares -teniendo en cuenta entre otras cosas sus habilidades de lectura o memoria además de su perfil genético o su contexto socioeconómico- y se encuentran ahora en fase de procesamiento de datos. Su objetivo es contribuir a una mejor comprensión de los procesos implicados en la adquisición de habilidades como la lectura y proporcionar pautas para mejorar el diagnóstico y la clasificación de las dificutades del lenguaje y el aprendizaje.

 

Desvelan las raíces de la dislexia

de ABC.es

R. IBARRA / MADRID

DÍA 06/12/2013 – 04.44H

Un problema en la conexión entre las áreas cerebrales del lenguaje frontal y temporal sería la causa de este trastorno neurológico que se caracteriza por graves y persistentes deficiencias de lectura

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BART BOETS Los investigadores utilizaron la resonancia magnética para identificar las zonas del cerebro implicadas

El origen de la dislexia ha sido uno de los secretos mejor guardados; durante décadas se ha debatido sobre la causa fundamental de este trastorno neurológico hereditario que se caracteriza por graves y persistentes deficiencias de lectura y de ortografía, y que afecta aproximadamente al 5-10% de los niños y adultos, es decir, a millones de personas en todo el mundo.

Pero el misterioso origen de la dislexia parece que acaba de ser desvelado. Los artífices de este hallazgo son un equipo de investigadores de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, quienes tras analizar las dos teorías vigentes han llegado a la conclusión de que las raíces de la dislexia se encuentran en una conexión deficiente en las representaciones foneticas en el cerebro y no la calidad de dichas representaciones.

Los investigadores han combinado varias técnicas de neuroimagen para analizar a 22 sujetos normales y 23 adultos disléxicos con el fin de desentrañar si la dislexia estaba causada por la mala calidad de las representaciones fonéticas o por la dificultad en el acceso a una representación intacta. Sus resultados indican que las representaciones sonoras del habla están intactas, pero una conexión disfuncional entre las áreas del lenguaje frontal y temporal impide el acceso eficiente a las representaciones. A peor conexión, señala el investigador Maaike Vandermosten, «menor capacidad de realizar las pruebas de escritura, lectura y aprendizaje a las que se sometieron los voluntarios». «Piensen en una serie de ordenadores en red; durante mucho tiempo se ha pensado que en la dislexia lo que ocurre es que la información almacenada en el servidor está degradada, pero en realidad no es así. La información está intacta, lo que falla es la conexión para acceder a la información, que es demasiada lenta o está dañada», explica Bart Boets, coordinador del trabajo.

Información clave

Conocer el origen de la dislexia, apunta Boets, es importante por diversos motivos: «desde un punto de vista teórico ofrece una mayor comprensión de la enfermedad; pero además nos informa acerca de una disfunción en una conexión muy específica, que debe tenerse en cuenta a la hora de diseñar las técnicas de intervención más adecuadas».

Las actuales terapias dirigidas para la dislexia está diseñadas para mejorar la calidad de estas representaciones, comenta otro de los investigadores, Hans Op de Beeck. «La buena noticia es que dichas intervenciones también deben mejorar esta calidad de acceso. Pero además –añade-, con el conocimiento actual podríamos en el futuro diseñar intervenciones más focalizadas y efectivas que se dirijan específicamente a mejorar la conexión entre las regiones frontales y temporales del lenguaje». En este sentido, Boets considera que algunas técnicas innovadoras no invasivas de estimulación cerebral, como la estimulación magnética transcraneal, podrían ser utilizadas.

Además, los resultados del trabajo que se publica en Science también pueden arrojar algo de luz sobre el aprendizaje en general. Así, afirma Pol Ghesquière, «estamos explorando los inicios del aprendizaje de la lectura y las diferentes etapas durante su desarrollo de la lectura en un grupo de niños de 5 años de edad con riesgo hereditario de dislexia». Esto, explica, podría conducir a la detección de marcadores tempranos de la dislexia, y por lo tanto a intervenciones preventivas.

Discapacidad

En una sociedad alfabetizada como la actual, el no ser capaz de leer y escribir no sólo afecta a la educación y el desarrollo cognitivo, sino que también tiene un gran impacto en aspectos emocionales y sociales, en el bienestar individual o en el acceso a oportunidades de trabajo. Boets explica que la mayoría de los idiomas aplican un sistema de escritura alfabética, lo que implica que las unidades de sonido discurso base (fonemas) se representan mediante símbolos visuales (grafemas). Así, mediante el aprendizaje de las reglas de correspondencia grafema -fonema, un niño es capaz de aprender a leer y escribir.

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