CARTA ROJA DE UNA ORIENTADORA

CARTA ROJA DE UNA ORIENTADORA

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La semana de la dislexia ya ha acabado pero seguimos publicando las cartas rojas que nos mandáis. Hoy compartimos la carta de una orientadora de la Comunidad de Madrid que nos ha impresionado. Es una carta larga pero no hemos querido cortar ni una palabra. ¡Muchísimas gracias a la autora!

Estimado Sr. Ministro de Educación,

Antes de comenzar con lo que me gustaría decirle, creo que es preciso señalar dos aspectos:
Por un lado, me gustaría agradecerle la inversión de unos minutos de su tiempo en leer estas cartas. La actitud de escucha activa (en este caso lectura activa) es fundamental en el entorno educativo y no dudo que usted dará ejemplo con ello.

Y por otro lado, también quiero hacerle llegar mi empatía para con su papel de Ministro de Educación que, si bien es cierto, no debe ser sencillo, pues quiero pensar que en numerosas situaciones es menester defender cosas que no son defendibles, ni siquiera para un cargo público que, a fin de cuentas, debe dar la cara frente a la sociedad y rendir cuentas de las gestiones y decisiones que se elaboran en los Consejos de Ministros.

Dicho esto, y en un intento de ser breve y concisa con el objeto de estas cartas rojas, debo plantear algunas cosas relativas a la Atención a la Diversidad en el sistema educativo de nuestro maravilloso país, y concretaré posteriormente en lo que se refiere a la atención del alumnado con dificultades específicas de aprendizaje (que cuando nombro, señalar que me refiero a las asociadas a trastornos como la dislexia, el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, la discalculia, dispraxias, o los más globales ritmos lentos de aprendizaje).

La Atención a la Diversidad debe ser un paraguas cuyo diámetro sea tan extensible como extensa es la variedad de personas que día tras día acuden a las aulas. Creo que por ello debe ser algo de lo que realmente se encuentre impregnado todo el sistema educativo, algo en lo que creamos de verdad: desde el planteamiento global de las leyes educativas (que cuanto más cambian, más inestabilidad y pánico provocan en la comunidad educativa); la concreción que de ellas realizan las Comunidades Autónomas (aquí podría abrirse otro debate muy amplio al que no ha lugar, pero que no ceso en la intención de mencionar); la organización de los centros tanto a nivel pedagógico, como estructural o tecnológico, pasando por organización de los profesionales docentes y no docentes que desempeñan sus labores en el contexto educativo; la formación de dichos docentes y personal del sistema educativo; la organización de la red de orientación; los famosos recursos que tanto solicitamos y su distribución; y podría añadir un largo etcétera de aspectos que deben impregnarse del espíritu de la escuela inclusiva, de los ideales de un modelo de intervención basado en las necesidades educativas de cada alumno y no en aspectos asistenciales o en meros “parches” que a la larga dejan de funcionar. No me gustaría que esto fuese interpretado en un tono de queja, sino que más bien se abran miras a la colaboración entre profesionales, al intercambio de ideas entre aquellos que se encuentran en las cúpulas de la administración y los que, también dando la cara de la Administración, prestamos nuestros servicios. Creo que en la línea de concienciación acerca de la Atención a la Diversidad, puede funcionar la revalorización de las campañas sobre discapacidad, el fomento de experiencias de aprendizaje-servicio, la modalidad de escolarización combinada (que en algunas Comunidades Autónomas se encuentra regulada, no siendo así en la Comunidad de Madrid)…

Tal y como decía, concretando en lo que a las dificultades específicas de aprendizaje se refiere, creo que bastaría con invitarle a pasar algún día por cualquiera de los centros públicos donde se escolarizan alumnos y alumnas con dichas dificultades y por qué no, le invitaría a acompañarme en lo que es la jornada laboral habitual de un orientador educativo. De este modo, creo que sería muy enriquecedor que observase de primera mano lo que supone tener dichas dificultades y lo que supone asesorar, intervenir y enseñar-aprender en un entorno en el que no hay nada seguro, en el que los extensos protocolos burocráticos (que desde mi punto de vista podrían sintetizarse o se podrían establecer mecanismos en la línea del uso de las TIC para agilizar trámites) hacen perder tiempo de actuación, en el que los contenidos del currículum encorsetan otros aspectos que favorecerían el desarrollo de alumnos realmente competentes, en el que “ir con prisas” impide desarrollar una educación más innovadora y ajustada, y sobre todo, en el que “el cabreo generalizado con el poco valor que se da a la educación” se traslada a nuestro alumnado, a las familias y entre profesionales nos retroalimentamos. Así Sr. Ministro, así vamos mellando la autoestima de un sistema que debería ser fuerte, igual que mellamos la autoestima de un alumno, con dificultades como la dislexia, al no dejar clara cuál debe ser legalmente la línea de actuación y así poder ir “todos a una”, independientemente del partido que gobierne y de los ideales de quien encabece las direcciones provinciales y consejerías de educación; pues el ideal es que todos tengamos cabida, ya que nadie somos culpables o merecedores de haber nacido en un contexto u otro ni con unas capacidades y habilidades u otras. Cada uno contamos con lo que tenemos y, suficientes trabas nos encontramos cuando crecemos en edad, como para añadir trabas a edades en las que la educación debe ser la prioridad, debe ser atractiva, debe ser divertida, debe ser emocional, debe ser social, debe ser colaborativa y por supuesto inclusiva.

¿Soluciones que se me ocurren? Visibilicemos las dificultades, facilitemos la formación del profesorado, fomentemos la investigación en educación en nuestro país, no hagamos de la educación un espectáculo, no permitamos que “cualquiera hable de educación” así como no se hace de medicina o de los avances técnicos, demos información certera sobre lo que ocurre en las aulas, no reduzcamos los aprendizajes a resultados ni “cortemos por el mismo patrón” las medidas para alumnos que necesitan patrones diferentes, no permitamos que los principios de la educación varíen cada vez que varía el Gobierno, no demos lugar al sensacionalismo con los conflictos que surgen en el contexto educativo, sentémonos y asumamos unos principios educativos sólidos que sustenten todo el sistema… Nadie es capaz de vivir sanamente en la incertidumbre. Es difícil luchar por lo que crees y tener debates sobre ello en contextos inflexibles, inflexibilidad fruto del egoísmo y de que todo al final se reduzca a términos económicos y comparaciones en excelencia que echan por tierra los valores que día a día tratamos de fomentar en las aulas: compartir, querernos como somos, valorarnos a pesar de las dificultades de aprendizaje u otras, reforzar a cada alumno teniendo en cuenta sus propios logros, manifestar nuestras preocupaciones, fomentar un espíritu crítico y creativo… Todo esto Sr. Ministro, reitero, sin unas bases garantizadas y reguladas claramente a nivel legal, difícilmente va a adquirir un carácter pragmático para una mejora real de la educación.

Atentamente,

Orientadora educativa en la Comunidad de Madrid

 

 

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